Diez años cocinando
Grecia en Valencia
Una historia de ingredientes importados, recetas de familia y un rincón del Carmen que huele a Mediterráneo.
En 2016, Lydia y yo abrimos una puerta en la Calle Conde de Almodóvar sin saber muy bien qué íbamos a encontrar al otro lado. Sabíamos cocinar. Sabíamos lo que queríamos: una cocina griega de verdad, sin concesiones, en una ciudad que ya tenía todo lo que necesitaba para entender la cocina mediterránea.
Diez años después, seguimos con las mismas ganas. Y con muchas más historias que contar.
Por qué Valencia.
Por qué Grecia.
Valencia y Grecia comparten algo que va más allá del Mediterráneo: la misma cultura de la mesa, el mismo ritmo de las comidas largas, el mismo respeto por el producto de temporada. Cuando llegamos al Carmen, supimos que era el barrio correcto. Un barrio con carácter, con historia, con vecinos que comen bien.
Kuzina, que en griego simplemente significa cocina, nació con una sola obsesión: traer los ingredientes de allí para cocinarlos aquí. El queso feta de Grecia. El yogur artesanal. Las aceitunas de Kalamata. El orégano que huele diferente. No es nostalgia — es autenticidad.
"Queríamos que quien entrara por esa puerta sintiera que había viajado, aunque solo fuera por un par de horas."
— Alkis Strimenos
Recetas que no
se inventan.
La moussaka, el pulpo, la spanakopita, los kolokithokeftedes — croquetas de calabacín que en 2016 eran una apuesta y hoy son lo primero que pide quien vuelve. Cada plato de la carta tiene una historia detrás: una tarde en la cocina de la familia de Alkis, un mercado de Atenas, una isla con nombre propio.
La carta cambia con las estaciones y con lo que llega de Grecia. Lo que no cambia es el criterio: si no sabe como tiene que saber, no sale.
Los que han hecho
Kuzina posible.
Diez años de restaurante se miden en reservas, pero también en despedidas de soltera que terminaron bailando sirtaki, en familias que celebraron aquí el cumpleaños del abuelo, en turistas que llegaron buscando paella y salieron con la dirección anotada para la próxima vez.
En el noveno aniversario organizamos una boda griega para todos. Fue una noche de las que no se olvidan: platos que no están en la carta, música que subió de volumen con el ouzo, y vecinos que se asomaron a ver qué pasaba y terminaron brindando con nosotros. El décimo lo celebraremos a la altura.