Hay lugares en Grecia que te dejan sin palabras. El Canal de Corinto es uno de ellos. Una ranura perfecta de apenas 21 metros de ancho cortada a través de la roca, con paredes que se elevan casi 90 metros sobre el agua y se extienden durante más de 6 kilómetros entre el Mar Jónico y el Mar Egeo. Cuando te asomas desde el puente y ves un barco navegando allí abajo, la escala de la obra te golpea de una forma que ninguna fotografía consigue transmitir.
Es también una historia de obstinación humana que lleva más de dos mil años. Porque la idea de cortar el istmo de Corinto no se le ocurrió a los ingenieros del siglo XIX — se les ocurrió a los griegos de la Antigüedad, y lo intentaron varias veces antes de conseguirlo.
Una idea de 2.000 años de antigüedad
El istmo de Corinto siempre fue un problema para los navegantes. Para pasar del Jónico al Egeo había que rodear toda la península del Peloponeso, un viaje largo, costoso y peligroso. Ya en el siglo VII a.C. los corintios encontraron una solución ingeniosa: construyeron el díolkos, una rampa de piedra de unos 6 kilómetros por la que se arrastraban las embarcaciones pequeñas sobre rodillos de madera para cruzar el istmo por tierra.
La idea de abrir directamente un canal fue planteada por varios gobernantes a lo largo de la historia. El tirano Periandro la consideró en el siglo VII a.C. Julio César la estudió. Calígula encargó un estudio de viabilidad. Nerón llegó más lejos: en el año 67 d.C. ordenó el inicio de las obras y él mismo fue quien dio el primer golpe de pico durante la ceremonia de inauguración, con una azada de oro. Miles de prisioneros judíos de la guerra comenzaron a excavar. Pero Nerón murió al año siguiente, las obras se detuvieron, y el proyecto quedó olvidado durante diecisiete siglos.
"Nerón fue el primero en intentarlo de verdad: en el año 67 d.C. dio él mismo el primer golpe de pico. Murió al año siguiente, y el canal tuvo que esperar otros 1.800 años."
De la antigüedad al siglo XIX
Lo que hace único al canal
La característica más llamativa del Canal de Corinto es su anchura: solo 21 metros. Es lo que le da ese aspecto de rendija imposible cuando lo ves desde arriba. Esa estrechez es también su mayor limitación: hoy en día, los grandes buques de carga y los cruceros modernos no pueden atravesarlo — son demasiado anchos. El tráfico actual se limita principalmente a embarcaciones medianas, yates y barcos turísticos.
Las paredes de roca, que alcanzan los 90 metros de altura en algunos puntos, son verticales y prácticamente sin vegetación. La excavación tuvo que hacerse a través de roca sólida de caliza, lo que explica tanto la dificultad de la obra como su coste desorbitado en el siglo XIX.
Una curiosidad técnica: dado que no hay diferencia de nivel entre los dos mares, el canal no necesita esclusas. Los barcos simplemente entran por un extremo y salen por el otro. Para facilitar la entrada y salida de embarcaciones, los puentes de la carretera que lo cruzan son sumergibles — descienden bajo el agua para dejar pasar los barcos más altos.
Los puentes que cruzan el canal son sumergibles: en lugar de abrirse hacia los lados o levantarse, descienden completamente bajo el agua para dejar pasar las embarcaciones. Es uno de los pocos ejemplos de este tipo de puente en el mundo.
Hoy el canal también es popular entre los practicantes de bungee jumping, que saltan desde los puentes a 79 metros de altura sobre el agua.
Si vas a visitarlo:
lo que debes saber
El Canal de Corinto está a unos 80 kilómetros de Atenas, lo que lo convierte en una excursión de medio día perfectamente combinable con una visita a la ciudad de Corinto o al yacimiento arqueológico de la Antigua Corinto, que se encuentra a pocos kilómetros.
Desde los puentes que lo cruzan la vista es espectacular, especialmente si coincides con el paso de alguna embarcación. El mejor momento para visitarlo es por la mañana, cuando la luz entra desde el este e ilumina el agua al fondo del canal. Los atardeceres desde el puente occidental también son memorables.
Si quieres una perspectiva diferente, existen excursiones en barco que atraviesan el canal completo. Es una experiencia distinta: pasar entre esas paredes de roca con el cielo asomando en lo alto es algo que cuesta olvidar.
La ciudad de Corinto en sí merece también tiempo: la antigua ciudad griega, el templo de Apolo del siglo VI a.C. y el museo arqueológico forman una visita redonda que combina bien con el canal.
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