La Grecia que los turistas aún no han encontrado
Más allá de
Santorini
Cinco islas griegas fuera del circuito turístico que guardan la Grecia auténtica: sabores sin filtro, paisajes sin multitudes y una forma de vivir que el Mediterráneo valenciano reconocerá como propia.
La Grecia que los turistas aún no han encontrado
Ikaria
Ikaria es una de las cinco "zonas azules" del mundo, esos lugares donde la gente vive más allá de los 90 con una salud asombrosa. El secreto no es un superalimento: es el ritmo. Las tiendas abren cuando les apetece. Las fiestas populares duran hasta el amanecer. Y la dieta —legumbres, aceite de oliva, vino local sin sulfitos, hierbas silvestres— es tan sencilla como eficaz.
Para un valenciano, Ikaria es como verse en un espejo: el mar cerca, la sobremesa interminable y el convencimiento de que vivir bien es más importante que vivir rápido.
Naxos
La más grande de las Cícladas y, según muchos, la más completa. Tiene playas kilométricas de arena fina, un interior montañoso con pueblos medievales, y una producción agrícola que la hace casi autosuficiente: patatas, quesos, licor kitron de cidra.
Naxos es la isla para quien quiere todo a la vez sin pagar el precio de Mykonos.
Lesbos
La isla de la poeta Safo y del ouzo más famoso de Grecia. Sus bosques de olivos —algunos con más de mil años— producen un aceite de oliva extraordinario. La capital, Mitilene, tiene una arquitectura que mezcla lo otomano con lo neoclásico griego de una forma que no verás en ningún otro sitio.
Y el ouzo de Plomari, el pueblo destilador de la isla, es el que define el estándar al que todos los demás aspiran.
Creta interior
Todo el mundo conoce las playas de Creta. Casi nadie sube a la meseta de Lassithi o a las gargantas de Samaria. El interior de la isla grande es otro mundo: pueblos de piedra en las montañas, pastores, queso mizithra recién hecho, y una cocina que es prácticamente la base científica de la dieta mediterránea.
Los cretenses llevan décadas siendo estudiados por epidemiólogos como ejemplo de longevidad ligada a la alimentación. Dakos, aceite en todo, hierbas silvestres, poco azúcar.
Samos
Desde Samos se ve Turquía. Literalmente: el estrecho entre la isla y la costa turca tiene apenas dos kilómetros en su punto más estrecho. Esa posición la ha convertido históricamente en un cruce de civilizaciones —fue la isla de Pitágoras y Epicuro— y en un productor de vino moscatel único en el mundo.
El Samos Muscat es uno de los vinos dulces más premiados de Grecia: dorado, perfumado, con notas de miel y flores. Perfecto con queso o simplemente solo, al atardecer, mirando la costa turca.
Los bosques de pino cubren gran parte del interior, y los pueblos del norte de la isla han permanecido casi intactos desde el siglo XIX. Samos es para viajeros que leen.
Mientras tanto,
estamos aquí
No siempre se puede coger un avión a Ikaria. Pero sí se puede cerrar los ojos con un plato de moussaka, un vaso de vino griego y el murmullo del mar valenciano al fondo. En Kuzina traemos esas islas a la mesa, cada día, en el centro de Valencia.
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